El pánico escénico de la candidata


Esto de hacer campañas es como montar una obra de teatro que se va representar 24hrs al día por trece semanas. 

Se empieza teniendo un relato, la historia que vas a contar, y decides que la obra va de la hija de un vendedor de pinturas, hay que parecer “de a pie”, que se convierte en la heroína que rescata a su pueblo de una plaga de dinosaurios, hippies y sicarios.

Es un “buen guión”. Ahora tienes que montar el escenario. Contratas una productora que te haga unos visuales estilo liga de la justicia y decides que la escenografía de los mitin va a tener ese toque ostentoso e imponente, pero a la vez chabacano que tanto le gusta al mexicano. Ya sabes, un escenario de rockstar con tu prota vestida de indígena en Huejeutla de Reyes, Hidalgo. 

Hasta aquí todo bien. Tienes relato, personaje y escenario.  Publico, OBVIO, porque los espectadores se joden y, aunque sea unos minutos de cada día, están “obligados” a presenciar el espectáculo. 

Levantas el telón y echas a andar, prevés la novatez o desorganización del equipo de campaña (escenógrafos) y te vas a escenarios controlados, ¿qué puede salir mal en la casa donde creció nuestra heroína o en el “tan a modo” Huixtla, Chiapas?, pero entonces la principal  se desmorona. Promete apoyar el lavado de dinero y al día siguiente, en un evento de seguridad y justicia, le entra un mareo y tira por la borda el personaje de “dama de hierro mexicana”.

Revisas el plan de producción, vuelves a hojear el guión, en un arranque de histeria das luz verde para que hagan otros audiovisuales, sigues buscando explicaciones y entonces te azota la única cosa que nunca consideraste camino a esta encrucijada… El pánico escénico de la candidata. 

1 comentarios:

  1. gruxita says

    Este es mi favorito hasta ahorita. Aquí seguiremos leyendo.


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